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Un estudio en el que participa la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) ha vinculado la presión social digital y el número de seguidores o amigos que una persona tiene en las redes con sus posibilidades de desarrollar una adicción a las nuevas tecnologías.
En contra de lo que muchos pudieran pensar, el solo hecho de tener muchos amigos en las redes sociales puede convertirse por sí solo en un factor de riesgo para desarrollar una adicción al ‘smartphone’. «Los resultados de los análisis indican que la Presión Social Digital(SDP por sus siglas en inglés) se relaciona positivamente con la adicción a los teléfonos inteligentes y que esta influencia es independiente de los efectos que pueden tener otras variables como los rasgos de personalidad la depresión o el bajo apoyo social», detalla Urueña.
Como consecuencia de los datos obtenidos, para los investigadores la presión social digital (la presión de los amigos en Whatsapp, Facebook, Instagram, etc.) puede ser una variable relevante para comprender el riesgo potencial de adicción a los teléfonos inteligentes en los casos en que el usuario tenga gran necesidad de conexión social digital.
EL ENTORNO SÍ INFLUYE
Sin embargo, pese a que la presión social digital se constituye como factor de riesgo independiente de otros elementos analizados, no sucede lo mismo con un factor que sí ha demostrado ejercer una importante influencia en el riesgo de desarrollo de una adicción al smartphone: el nivel de desorden o desestructuración social del barrio en el que se vive.
«Nuestros resultados indican que cuando se vive en un barrio con altos niveles de desorden social hay también mayores niveles de Presión Social Digital. Es algo que ya habíamos constatado en estudios previos sobre las condiciones sociales residenciales y la adicción a los teléfonos inteligentes en los que anticipamos que podría haber un potencial empírico positivo entre desorden social y SDP: el contexto comunitario aumenta el potencial de situaciones estresantes para los residentes», asegura el investigador de la UPM.
Debido al desorden social existente en sus lugares de residencia, estas personas pueden refugiarse en sus «amigos virtuales» como medida para evitar la vida comunitaria cara a cara y reducir su participación en las actividades de su vecindario.
El trabajo, en el que también han participado los investigadores Juan Herrero (Universidad Oviedo), Andrea Torres (Universidad de Oviedo), Pep Vivas (UOC) y Alvaro E. Arenas (IE Business School), se ha publicado recientemente en la revista internacional Social Science Computer Review y fue objeto de una de las becas de la Fundación BBVA .
Fuente: @Mundo


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